El cordobés sin acento
De todas las especies animales protegidas de este máster tan peculiar, por llamarlo suavemente de alguna forma, quizás una de las que corre más peligro debido a su exclusividad "de una forma o otra", "efectivamente", es el locus córdubis, también conocido como Juan, Juanito, Juan Ignacio, Súarez de Lezo ... etc, etc, etc, Chester Parnavïtch o Premio Híspalis. Este espécimen tiene una particularidad, nace en Sierra Morena pero su hábitat natural se localiza en el Macizo Central, es por ello que pierde su acento original de vocales abiertas y adopta el dialecto de la capital. De origen aristocrático y vocación culinaria, Juan es uno de los pilares de este humilde grupo de mozalbetes, uno de sus líderes, adalid de la locura que día tras día se respira en ese aula claustrofóbica que nos acoge. Juanito es capaz de transformar ese ambiente a menudo asfixiante y hacerlo ameno y alocado, lo mismo encabeza la coreografía de Las Supremas de Móstoles o te suelta un "¿Lo qué?" o te hace la "langosta" o le hace el poin, poin, poin a los profesores diciéndole a cada uno formalismos como "buenos días", "buenas tardes" o "muchas gracias" y se queda tan pancho. No se corta en expresar sus inquietudes más profundas del tipo: "Concha, que corazoncito más bonito llevas en la camiseta". Chester empezó a despuntar en cuanto a encuentros lúdicos se refiere, nadie puede olvidar sus inolvidables momentos en Sevilla con la china, la espada y el pato, que sin duda le hicieron merecedor del premio que lleva su nombre. Como este otros muchos, cada día una locura, es lo que tiene estar sentada a su lado, que se lo pregunten a Carmencita. Juan Ignacio, pura risa y cachondeo pero también buen "compi", "ya tu sabes mi amó".
